El fuego de tu mano
queda en el mundo, quema
suciedades terrestres,
llena la copa del buen ojo,
el que mira oleajes
de amor y de dolor, ese fuego
funda ciudades, soles
que no se ven, para a
los mazos que golpean
en pabellones del espanto, piedra es
contra la perra de la injuria,
las mañanas sin leche, las
llagas del corazón,
el fuego de tu mano arde
dentrísimo de vos, desde vos,
empeñado en alzar
lo que es y lo que no fue,
mares/mareas/vida/siempre/
(Poema escrito por Juan Gelman el 18 de enero de 2007 por la muerte del pintor Carlos Gorriarena. Fue leído por Cristina Banegas en el entierro del artista.)
Más allá de sus conceptos, de sus enseñanzas, de haber aleccionado a varias generaciones y de la luz que echó en lo político y en lo social desde el arte, nos deja su obra: poderosa, inquisitiva, actual, sin concesiones, intensa, elocuente y, muchas veces, enigmática.
Su preocupación central, en tanto artista, estribaba en acercarnos hechos y personajes de la actualidad, tanto argentina como mundial. Si en el camino aparecía la belleza, era bienvenida: "Yo no creo en la búsqueda de la belleza -dijo-. Me parece una preocupación estéril. Creo que el artista es un hombre preocupado por accionar sobre el campo de la realidad: si su acción se convierte en una obra con valores permanentes y que contiene belleza, éste es un hecho que el artista no puede controlar. Es una consecuencia de una operación mucho más compleja. Es como, por ejemplo, una relación amorosa: puede ser bella, pero tanto el hombre como la mujer que la componen, en principio buscaban otra cosa. O sea, la belleza puede existir o no, pero no hace a la esencia del asunto. La pasión, y hasta la necesidad de perpetuar la especie, es mucho más importante que tener como objetivo el hallazgo de la belleza. Cesare Pavese decía que un nadador, urgido a cubrir una distancia, no tiene tiempo de visualizar cómo el sol rebate contra la estela que su cuerpo va dejando al avanzar. Esto, de cualquier modo, no quiere decir que yo esté libre de preocupaciones estetizantes, pero considero mucho más importante y rico el conflicto que sea capaz de crear contradicciones".
Esto aparece a lo largo de su obra. Pero en lugar de contradicciones, más bien se trata de la complejidad polisémica que el artista intenta atrapar de un retazo de la realidad. Como siempre, algo (o mucho) escapa, surgen las series, los temas similares, las situaciones y los personajes paralelos, con resultados parecidos pero nunca iguales, puesto que la forma es infinita. Así le ocurre a la mayoría de los artistas, sólo que Gorriarena tenía total conciencia de estos dilemas estéticos y lo manifestaba tanto en reportajes como en escritos en catálogos o a través de esa publicación de título surrealista que fue la revista 'La Rosa Blindada'.
El contenido político
Cuando lo interrogaron sobre la inserción política de su obra, contestó: "Para mí el campo político es el campo más rico y más amplio que tiene un país, ¿no? Es el campo que tiñe todo". Siempre lúcido, también señalaba: "A esta altura del partido, con todo lo que ha pasado en la historia de la pintura internacional y nacional, si existe la amplitud como para considerar que un pintor puede ser abstracto, abstracto impresionista, o algún otro puede ser figurativo, también hay que tener suficiente amplitud para considerar que alguien puede utilizar contenidos políticos. Creo que, generalmente, hay una actitud peyorativa o agresiva con respecto a quien utiliza contenidos políticos, pero está el caso de Berni, que es un gran pintor, creo que nadie lo va a negar, y es un hombre con contenidos políticos".
En 1966, junto a varios escritores y otros artistas, participó en el Salón Homenaje al Vietnam. Rescatamos párrafos de lo que escribió en el catálogo: "Vietnam se ha transformado, por su lucha, en el símbolo de la resistencia de un pueblo contra todo lo que lo maniata, lo deforma o lo tortura. El hecho en sí, tremendo y heroico, es la causa de que en distintas ideologías nazca y se desarrolle un mismo sentimiento en contra del invasor norteamericano…Este es nuestro homenaje al Vietnam y a Santo Domingo, a los campesinos, a los guerrilleros y a todos los pueblos que luchan contra quienes los oprimen en nombre de la Civilización Occidental.
"Cuando se dice Civilización, se está diciendo cultura, trabajo, arte, ciencia, técnica. Y ésas son nuestras actividades. Cada vez que escuchamos que se bombardea un pueblo, se tortura a un campesino, se arrasa una aldea; cada vez que leemos, todos los días, la contabilidad de asesinatos realizados en nombre de la Civilización Occidental, nos sentimos aludidos, responsables; nos sentimos incluidos a la fuerza entre los fabricantes de justificativos para bombardeos. Pero eso es falso. Nadie, nunca, en ninguna parte ha hecho algo que se pueda llamar civilización o cultura, para que sea usado como bandera en otra 'carnicería de vidas humanas', en otra 'matanza infernal', en otro 'ultraje a la civilización'. Y los que creen poder hacerlo se equivocan: sólo hacen disfraces para criminales. Nosotros denunciamos como siniestros impostores a quienes pretenden ampararse en la cultura y la civilización para destruir toda cultura y toda civilización".
Retorno a la figuración
La obra de Gorriarena -al decir de Teresa Constantín- nacida en la política y bajo el signo de la revolución de los sesenta, fue testigo de la emergencia de una nueva generación que protagonizó los setenta, liderando el movimiento reivindicativo de fábricas, villas miseria y estudiantes y en el que se comprometían, desde diferentes perspectivas, tanto la izquierda peronista como la marxista. Con los primeros muertos políticos en manos de los grupos parapoliciales, la obra del artista comienza a manifestar abiertamente lo que sucede a nivel social: cuando mataron a Julio Troxler, en una muestra colectiva, 'Cajas', presentó una caja que, bajo el título '20 años', aludía a los años vividos por el dirigente político entre la masacre antiperonista, a la que sobrevivió en 1955, y su asesinato en 1975".
"De la misma manera, la pintura debía permitir cerrar un periodo y lo hacía osadamente. 'A rostro descubierto' (1977) reveló obras como 'La sombra de los días' y 'Clase de historia'. En esta última, retoma la emblemática fotografía del general Perón en momentos de su regreso a la Argentina, protegido por el paraguas que sostiene el dirigente sindical José Ignacio Rucci. Exhibido en los años de la dictadura, ese trabajo se convierte tanto en un desafío como en una reafirmación política. De esta forma, cuando se produce el abrupto cercenamiento de todo lo político, la obra de arte actúa delimitando un último espacio de libertad y permite procesar la frustración individual y colectiva".
No obstante, en medio de la tensión extrema de los actos políticos, Gorriarena decide permanecer en el país, pues entiende a su producción artística como un lugar desde el cual se ubica frente a las nuevas circunstancias. Él dice: "Desde mi retorno a la figuración en 70/72 hasta el 83, el objeto elegido, las situaciones, podemos decir que son políticas. El 'qué' es político. Luego eso se va modificando".
Al referirse a la muestra 'Homenaje a los reporteros gráficos del Time', dice Constantín: "El 'cómo' del recorte fotográfico le permite acceder al 'qué': el artista se sumerge en el mundo real cargado de tensiones, pero son las problemáticas de las artes, cada vez más intensas, las que le facilitan los medios. Se trata de acceder a lo público, no directamente sino a través de aquellos que están, a diario, enfrentados con la incoherencia del mundo. Ellos fueron los primeros en registrarlo. Él es su heredero y abreva en ellos. Entre los hechos y él, intermedia el relato de los otros".
No habrá ninguna igual
Gorriarena permanece al margen de la oleada transvanguardista, pero en 1987, con algunos años de distancia, puede esbozar una apreciación crítica del movimiento. Declara a 'El Periodista' de Buenos Aires: "… una tendencia mundial como la transvanguardia, cuya intromisión podría haber resultado perniciosa como todo lo que se introduce por la azotea, aquí fue positiva…aunque se trata de un movimiento inventado, posibilitó el desarrollo de aquellos que son realmente pintores. Rescató la imagen… Es cierto que, al mismo tiempo, guarda una actitud diletante con respecto al contexto real, pero está más cercana a los pintores que luchamos por una figuración distinta".
El mismo periódico, señalaba ese año; "1986 fue, por fin, el año de Carlos Gorriarena… este plástico argentino merecía un reconocimiento. La obtención de la codiciada beca Guggenheim y del gran Premio de Honor en el Salón Nacional han puesto las cosas en su lugar".
Aunque sería cómodo a críticos e historiadores, Gorriarena no sigue cronológicamente los acontecimientos que impactan su sensibilidad. Por eso, en 1997 presenta 'No habrá ninguna igual'. Reproducimos, por su acierto, la apreciación de Constantín: "En las últimas décadas, incluso cuando aborda la temática más ligada a lo político, las obras son como construcciones mentales, distanciadas de su significado ordinario. Uno de los ejemplos más emblemáticos en este sentido es 'No habrá ninguna igual'. El peso que la iconografía tiene en el imaginario de los argentinos, ya hace de ella un problema; se sabe que Eva Duarte y Juan Domingo Perón materializan uno de los nudos más densos de la historia argentina. El momento elegido por Gorriarena para presentarlos es también uno de los de mayor tensión entre la vida privada y el lugar público de ambos, el 'renunciamiento histórico' cuando, en 1951, Eva, enferma, cede su candidatura a la vicepresidencia. En la obra, las imágenes de Eva y Perón son dos planos verticales. Plantada en el centro, la masa clara de Perón es el soporte en el que se apoya la figura de Eva. En la cúspide de diferentes planos de color, las cabezas enlazadas apenas en un roce concentran la intensidad de la relación humana. El peronismo se enuncia a través de la mediación que el lugar de Eva ocupa en el imaginario popular. La imagen visual del 'movimiento' se construye en esos dos pilares, entre lo 'real' y lo 'construido', desde la imagen gráfica a la pasional, para usar los términos de Beatriz Sarlo".